Cine soviético

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Cine soviético

 

Cine soviético se denomina específicamente al cine de vanguardia de Rusia de los años posteriores a la Revolución de 1917 (y más específicamente al cine de los años que siguieron a la creación de la Unión Soviética, en 1922). Una Revolución que no sólo se vuelve protagonista de la historia de la humanidad, sino que además produce un cine también revolucionario, que genera conceptos y herramientas de narración novedosas, que innovarán y enriquecerán el lenguaje cinematográfico para siempre.

En muchas de las películas de este movimiento, en concordancia con las ideas de la Revolución, el protagonista individual es desplazado por el protagonismo de la masa, del pueblo. Algo que representa un desafío extra para la producción y para la habilidad del director.

En relación a lo anterior, los conflictos, que en toda película son los que motorizan el guión, los que le permiten avanzar y crecer, ya no son conflictos individuales y nos encontramos con el conflicto colectivo, y más específicamente con los con los conflictos de clases: la lucha popular.

Pero lo más importante de este movimiento es que impone el montaje como un recurso fundamental del lenguaje cinematográfico.

El director no se limita a contar la historia como un “reflejo estático” (esta denominación usa el propio Eisenstein para describir la narración sin montaje), y en cambio intercala fragmentos que provocan fuerte impacto emocional, que además contienen una fuerte carga simbólica e ideológica. Este tipo de montaje, llamado “montaje de atracciones”, enriquece la narración, le aporta dinamismo, provoca emocionalmente al espectador y mantiene alta la intensidad dramática.

Un film es una historia que tiene que avanzar, y los soviéticos se han dado cuenta de que el dinamismo no se logra sólo con la acción sino también con el montaje. Una historia no es sólo una sucesión de hechos sino la forma en que se los relata.

Es tan importante este nuevo recurso del lenguaje cinematográfico, que incluso a veces,  para referirse a este movimiento crucial para la historia del cine, se llega a utilizar directamente la expresión “montaje soviético”.

Una de las ideas básicas del montaje es que al yuxtaponer (poner una junto a otra) dos imágenes, dos dos nociones o significados, se genera una tercera noción o significado. Como todo recurso artístico, sirve para generar una mayor efectividad en la narración. Y los soviéticos no sólo lo proponen sino que se convierten en los maestros de esta herramienta altamente eficaz para manipular emociones.

Si bien es Eisenstein quien lleva el montaje a la gloria con El acorazado Potemkin (y especialmente con la escena de la escalinata de Odessa, con un montaje muy dinámico que utiliza más de 170 planos), quien primero se ha dado cuenta del poder este recurso es Kuleshov.

Kuleshov, estudiando el montaje con sus alumnos de cine, llega al asombroso descubrimiento de lo que se llamará el “efecto Kuleshov”: que una determinada imagen cambia de intención, de significado, comunica algo distinto, según la imagen que se le coloca al lado. Lo mismo sucede cuando se cambia el orden de las tomas: cambia también el efecto psicológico en el espectador.

Lo interesante de que hayan sido los soviéticos quienes renovaran completamente el cine durante la Revolución, es que las ideas marxistas se alimentan de la dialéctica de Hegel, que básicamente (y perdón por la síntesis extrema) postula que la historia avanza con el choque de opuestos: cada cosa (o “tesis”) choca contra su opuesto (la “antítesis”) y de ese choque nace la síntesis, la evolución. Casualidad o no: lo cineastas de ese movimiento descubren que la clave para que un film “avance” ya no es la narración lineal sino el “choque dialéctico” de tomas y significados que implica el montaje.

 

Imagen: la escena de la escalinata de Odessa (El acorazado Potemkin, 1925, Sergei Eisenstein).

 

Películas representativas:

La huelga (Sergei Eisenstein, 1924)

El acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)

Por la ley (Kuleshov, 1926)

La madre ( Pudovkin, 1926)

El fin de San Petersburgo (Pudovkin, 1927)

Octubre (Sergei Eisenstein, 1928)

El hombre de la cámara (Dziga Vertov, 1929)

Tres cantos a Lenin (Dziga Vertov, 1934)

 

Te recomendamos algunos links:

D. W. Griffith, el padre de la narrativa cinematográfica.

Línea de tiempo con la historia del cine.

El expresionismo alemán.

El film noir o cine negro.

La Nouvelle Vague.

El neorrealismo italiano.

El Código Hays.

Slapstick comedy (la comedia física).

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