El estilo.

Patricia mini

El estilo, o La asesina de las frases bonitas.

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¿Qué cosa es el estilo?

Empecemos por donde siempre nos gusta empezar para que todo resulte más sencillo: por revisar qué entendemos por arte.

Nos gusta definir al al arte como aquello que sucede cuando un artista crea un universo (o tiene una visión particular del universo, lo que llamamos “cosmovisión”), y desarrolla un lenguaje propio para comunicarlo.

Ahí es donde nace el estilo: cuando uno tiene algo que expresar, tiene muchas maneras de hacerlo, y seguramente va a utilizar una manera que terminará resultando “propia”, que va a reflejar su personalidad, que va a ser su “sello distintivo”.

El estilo es entonces el conjunto de recursos que conforman el lenguaje que el artista elije para expresarse. El lenguaje que elije para contarle al mundo su visión del universo.

 

La visión del universo y el estilo: ¿uno vive como piensa o piensa como vive?

Empecemos por una de esas verdades que no nos gusta que nos digan y Unamuno nos dijo.

La mayoría de los seres humanos van por la vida convencidos de que son seres libres y que viven de acuerdo a sus principios, de acuerdo a su manera de pensar.

Hasta que se cruzan con un Unamuno, un pensador español, que les aclara que en realidad ellos piensan o tienen principios a partir de su manera de vivir.

Uno no vive como piensa, sino que piensa como vive. Adapta su ideología a su manera de vivir.

La cosmovisión del artista es la consecuencia de la vida del artista.
Y luego, el estilo será consecuencia de la cosmovisión. Por eso de nada sirve empeñarse en buscar un estilo sin tener una cosmovisión. Pero mucho menos sin tener una vida.

Uno no elije su estilo. También lo determina su manera de vivir.

No es por casualidad que con la modernidad, cuando el artista empieza a expresar su mundo interior, se genera el concepto: “no se compra una obra de arte sino que se compra la personalidad del artista”.

 

El prisionero del estilo.

Matisse dijo que un artista no debe ser prisionero ni de su éxito, ni de su reputación ni de su estilo.

¿Quién es prisionero del estilo? Es el artista que se enamora de sí mismo y entonces se empieza a copiar.

Si el artista cree que ha alcanzado la perfección y que en esa perfección debe detenerse, entonces queda prisionero, encerrado, inmovilizado.

Se dice que alcanzar la perfección significa morir.

Es al menos una idea provocativa. Una idea que se completa con la teoría que sostiene que el artista nunca alcanza la perfección, sino que su obra genial es “lo que va descartando en el camino hacia la perfección”.

 

La asesina de las frases bonitas.

Una maravillosa recomendación que proviene del mundo de la literatura, es de una de las grandes escritoras de suspenso, Patricia Highsmith,: ella decía que hay que asesinar las frases de las que uno se enamora.

Esa frase del párrafo que resalta, que al autor le parece genial, es muy probable que esté arruinando el párrafo.

Lo importante es preocuparse por lo que se quiere decir, que luego la mejor manera de expresarlo (que suele ser la más simple y no necesariamente la más bonita) se manifestará sola.

Es lógica pura: cuanto más cosas uno se saca de encima y las prende fuego en una hoguera de vanidades, más despojado queda el individuo. Debajo del lujo está el ser humano.

Una frase bonita no hace a una buena historia. Una buena historia debe valerse por la fuerza de los hechos y no de las palabras.

Crear significa también asesinar.

 

¿Cuándo termina de madurar un estilo?

Después de todo este encadenamiento de reflexiones sobre el estilo y la liberación de la esclavitud que puede imponer un estilo, llegamos a una conclusión que resultaría contraria a la lógica: el estilo de un artista toma forma y se impone después de mucho tiempo de asesinar el estilo.

Cuanto más tiempo pasa el artista sin enamorarse de sus frases bonitas, más significativa se vuelve su obra.

Pero en algún momento de esta contradicción encontraremos la lógica (como en todo proceso creativo que termina en arte). Porque el estilo finalmente aparece. Y es que, diría Paul Klee: “uno encuentra su estilo recién cuando ya no podría hacer otra cosa”.

Como en la vida misma: uno “es” cuando ya no podría ser otra cosa.

 

Si quieres leer sobre temas relacionados, te recomendamos algunos links:

Cómo funciona la creatividad, explicada con un chiste de Groucho Marx.

El estímulo del artista.

El universo del kitsch.

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