El paisaje expresionista

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El paisaje expresionista.

 

Más allá de los movimientos específicos expresionistas (como El Jinete Azul, El Puente, o más adelante el expresionismo abstracto, por ejemplo), la pintura expresionista en general es aquélla que expresa el estado emocional del artista (la mayoría de las veces refleja la angustia existencial del hombre moderno, su desesperación).

Un paisaje expresionista es aquél donde se tergiversa el mundo real, se deforma, se pierden las perspectivas, todo se vuelve grotesco, pintado muchas veces con trazos gruesos y violentos, rápidos (como para dejar aflorar las emociones haciendo a un lado la razón). Todo es instinto. Y así termina siendo siendo muchas veces agobiante, asfixiante, pura angustia.

No es el paisaje el retorcido, el atormentado. Afuera tal vez es un hermoso día de sol, una tarde espléndida, una mañana gloriosa. La retorcida y atormentada es el alma del artista.

Hagamos un paréntesis para recordar un cuadro de Giorgione: La Tempestad (hacia 1508, unos cuatro siglos antes de la modernidad y el expresionismo). No sólo es considerada una de las primeras obras de Occidente donde el paisaje pasa a ser el protagonista aún con la presencia de figuras humanas, sino que además es el primer paisaje “anímico” o “emocional”, ya que representa el estado de ánimo del artista.

En este caso elegimos como ejemplo un cuadro de Soutine, a quien aunque no se lo encasilla en ningún movimiento, podemos decir que sus cuadros en general “son más expresionistas que los de los propios expresionistas”.

Él es un artista atormentado de verdad , uno de los que la historia tildará de “pintor maldito”. Y, por supuesto, donde hay un hermoso paisaje él se encarga de convertirlo magistralmente en un delicioso infierno.

En definitiva, en el paisaje expresionista la realidad es un estado anímico y/o espiritual del artista. Un excelente recordatorio de que la realidad es la mirada que cada uno de nosotros tiene sobre las cosas. La mirada que puede hacer que la pesadilla de una persona sea el paraíso de otra.

 

Imagen: Paisaje con tejados rojos (1919). Chaim Soutine.

 

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