Retrato de Madame X.

Retrato de Madame X

Historias detrás de las obras de arte.

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¿Por qué el nombre de este retrato famoso intenta ocultar el nombre de la modelo?

 

Retrato de Madame X (1883/84). John Singer Sargent.

 

John Singer Sargent es uno de los grandes retratistas de la historia de la pintura, y considerado tal vez el mejor de fines del siglo XIX. Lo que es seguro, es que en su tiempo es el más exitoso, el más aplaudido.

Aunque con esta obra no será aplaudido, sino todo lo contrario.

Treinta años después de haber pintado este retrato, cuando lo venda al Museo Metropolitano de Nueva York, le escribirá al director: “Supongo que es lo mejor que he hecho”.

Pero, más allá de ser uno de los mejores retratos del mejor retratista, nos interesa la historia del escándalo que desata al exponerse por primera vez, en el Salón de París de 1884 (recordemos que es el “salón oficial”, para la pintura “conflictiva” ya hay otros salones en esa época).

Sargent, de familia estadounidense pero formado en París, si bien en sus estudios y bocetos trabaja casi “como un impresionista”, sus retratos terminados tienen un aire bien clásico, cierta rigurosidad académica. Lo que queremos anticipar es que, en un momento en que se está revolucionando el arte, en que se está entrando a la modernidad con el impresionismo y el postimpresionismo (que lo revolucionan todo con sus técnicas, formas de representación y uso del color), el escándalo de esta obra tiene más que ver con el espíritu de la época que con una revolución en la historia de la pintura.

La modelo se llama Virginie Amélie Avegno Gautreau, una dama de alta sociedad, nacida en Estados Unidos pero casada con un rico banquero francés. No es ella la que le encarga el retrato al artista el retrato, sino que es él quien se lo propone a ella: teniendo Sargent tanto prestigio, la obra le dará mayor prestigio social a la dama.

La dama tiene su fama de audaz, de provocativa, de una sofisticación poco apropiadas para una dama. Y Sargent, en vez de darle un aura de inocencia y honorabilidad que eleven su status en la sociedad parisina, no puede con su genio y la retrata con uno de los tirantes resbalándole del hombro.

En la exposición, el retrato intenta presevar el anonimato de madame Gautreau en el título, pero en la realidad todos saben de quién se trata. El público se escandaliza y tanto la “misteriosa” dama y el artista son ridiculizados, humillados.

Sargent repintará el bretel del vestido (colocándolo en su posición “no escandalosa”), conservará el cuadro él mismo (inútil esperar que “Madame X” quiera conservarlo ella), y se mudará a Londres para continuar su carrera alejado del ruido que ha generado.

Y, volviendo a su frase “Supongo que es lo mejor que he hecho”, se nos ocurre que tal vez el fracaso arruina al pequeño artista, pero al grande lo hace más grande.

 

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