El banquete de Cleopatra

El banquete de Cleopatra

Historias.

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El banquete de Cleopatra (fines del siglo XVII/principios del siglo XVIII). Gerard Hoet.

 

Unos de los episodios que hacen a la fama de una Cleopatra tan excéntrica como bella (algo que la vuelve en sus tiempos aún mucho más seductora, por cierto), es el del banquete celebrado en honor a Marco Antonio. El banquete llamado “el más caro de la historia”.

Si bien, como todo evento histórico, bíblico o mitológico atractivo, ha sido pintado muchas veces, curiosamente éste no lo ha sido tanto. Y elegimos el de un artista holandés no tan conocido, ya que, la obras pintadas en los siglos XVII y XVIII con este tema, utilizan vestuarios bien del siglo del artista en vez del siglo de Cleopatra (aquí tenemos, al menos, a Marco Antonio vestido como romano).

Como suele suceder, hay distintas versiones con algunas variantes sobre los hechos. Nosotros elegimos la que es más utilizada como referencia, que es la que relata Plinio el Viejo en su enciclopedia llamada Historia natural (escrita en el siglo I). Ésta es la anécdota, en las graciosas palabras del escritor latino, luego de contarnos que Cleopatra poseía el par de perlas más grandes y valiosas que se habían visto alguna vez:

“Y como Antonio la convidase cada día con admirables y exquisitos manjares, ella, con una soberbia y desvergonzada altiveza (al fin como de reina ramera), despreciaba toda la magnificencia y aparato de sus comidas. Y preguntándole Antonio qué se podía añadir a la grandeza de susconvites, respondió que en una cena gastaría ella seis mil sextercios.

Deseaba saber esto Antonio, pero no entendía cómo se podía hacer. Y así, hechas apuestas acerca de ello, (…) le dio una cena, cierto grande y magnífica, pero ordinaria.

Reíase Antonio, y hacía burla y preguntaba en qué se había gastado lo prometido. Pero ella, afirmando que gastaría lo que había dicho, porque la cena hasta allí era nada, y que ella sola se cenaría los seis mil sextercios, mandó traer los postres.

Y los pajes, por su mandado, pusieron delante de ella sólo un vaso de vinagre, cuya aspereza y fuerza disuelve y deshace las perlas. Traía Cleopatra en las orejas aquella admirable y singular obra de la naturaleza. Y mirando Antonio qué quería hacer, se quitó la una y la echó en el vinagre, donde, siendo deshecha, se la bebió.

Echó la mano a la otra para hacer lo mismo, mas Lucio Planco, juez de la apuesta, lo estorbó (aunque se enojó Antonio), juzgando haber vencido la reina.

Después hicieron que la reina, vencedora de esta contienda, dividiese en dos partes la otra perla que le quedaba, para que con la otra media cena adornasen las orejas de la diosa Venus, la cual estaba en el templo Panteón de Roma”.

Ya Julio César se había rendido ante el encanto de la reina de Egipto. Ahora se rendía Marco Antonio.

 

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