La tensión dramática
Cine
La tensión dramática
La tensión dramática es la expectativa que genera la trama a cada momento. Una energía que atrae al espectador y lo mantiene atento, inmerso en la obra.
La tensión dramática de una narración se manifiesta en inquietud, en ansiedad, en la sensación que algo importante está a punto de suceder. Es la movilización de las emociones y sentimientos del espectador.
El tema es que para que la tensión dramática sea efectiva tiene que cambiar de nivel muchas veces, dosificarse, subir y bajar y volver a subir. Así como no se puede vivir en estado de euforia todo el tiempo, una obra dramática no puede estar en un clímax dramático todo el tiempo. Para atrapar la atención hay que relajar y tensionar.
Tensión y distensión. Caos y orden. Tempestad y calma.
¿Qué es el clímax? En el desarrollo de una trama vamos a ir teniendo momentos de tensión y de distensión, pero hay una tensión general (relacionada con el tema fundamental y el conflicto principal de la historia) que va aumentando progresivamente hasta llegar al punto más alto de tensión en la narración, el punto a partir del cual se resuelve la historia. Ése es el clímax.
El clímax es el punto más alto del conflicto principal de la obra.
Lo que tenemos que tener en claro es que la tensión dramática se logra por dos medios: por el peso de los hechos de la trama en sí mismos, o por cómo esos hechos son contados. En este último medio entran en juego los recursos expresivos, los recursos del lenguaje cinematográfico, o teatral o de la literatura. La tensión se logra con herramientas y con la manera en que el director o escritor utilizan y aprovechan el potencial de esas herramientas.
Éste es el punto donde no podemos dejar de recordar a D. W. Griffith, padre de la narrativa cinematográfica: a principios del siglo XX, Griffith toma todos los recursos que han ido inventando o han ido descubriendo otros cineastas y los combina de manera asombrosa en lo que muchos llaman “el nacimiento del lenguaje cinematográfico”. Griffith es uno de los primeros maestros en la generación de la tensión dramática. Y uno de los mejores recursos que tiene para ello es la utilización que hace del montaje alterno: en vez de resolver una escena en una toma, alterna acciones e imágenes que suceden al mismo tiempo y que desembocarán en la resolución de la escena. Imaginemos por ejemplo al protagonista a punto de ser asesinado con imágenes que se alternan de quien viene en su rescate.
La tensión dramática generada por el montaje alterno es uno de los legados de Griffith que nunca ha dejado de tener eficacia. Porque ya ha pasado más de un siglo y el cine sigue evolucionando, pero los espectadores seguiremos siempre expectantes y no nos moveremos de la butaca mientras falten apenas unos segundos para que el avión parta, o para desactivar la bomba, o para salvar a la dama en peligro.
Imagen: Harold Lloyd y su personaje del hombrecito de las gafas en Safety Last! (El hombre mosca, 1923). El clímax de esta película (la escena del reloj) es todo un ícono de la historia del cine.
Aquí tienes un ejemplo en un film famoso: El bueno, el malo y el feo (Sergio Leone, 1966) alcanza un clímax casi “insoportable” cuando se combinan el peso dramático de la trama con recursos como el montaje alterno de planos con encuadres cada vez más cerrados, a lo que se suma una banda sonora prefecta para la ocasión. Haz clic sobre el nombre del film para acceder al video: El bueno, el malo y el feo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone, 1966)
Te recomendamos algunos links:
Los 3 niveles de conflicto en un guión.
La cámara subjetiva o plano subjetivo.
D. W. Griffith, el padre de la narrativa cinematográfica.
Línea de tiempo con la historia del cine.
Recuerda que también puedes encontrar más material utilizando el buscador de la página.

0 comentarios