La otra lección de anatomía de Rembrandt.

La lección de anatomía del doctor Deijman

Historias detrás de las obras de arte.

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La otra lección de anatomía de Rembrandt.

 

La lección de anatomía del doctor Deijman (1656). Rembrandt.

 

Tres décadas después de La lección de anatomía del doctor Tulip (la famosa), el gremio de cirujanos de Ámsterdam (que organiza una clase pública de anatomía al año) le encarga a Rembrandt que documente en un cuadro la de 1656, una clase que da el doctor Deijman.

Las tres décadas que hay entre esta obra y la anterior se notan marcadamente, y vemos entonces un claro ejemplo de la evolución de la pincelada del artista: mientras que en la primera obra (cuando Rembrandt tiene veintitantos años pero ya es un artista prestigioso), encontramos una pincelada cuidada y detallista, esta segunda obra pertenece al período tardío (a su última década), cuando la pincelada es suelta, más espontánea, algo que le da a las figuras un aspecto de abocetadas, como si estuvieran inacabadas.

Es la pincelada suelta que ha “nacido” en Venecia, el siglo anterior, con Tiziano (de quien toma el ejemplo Rembrandt), y que utilizan, el mismo siglo que Rembrandt, otros grandes maestros como Velázquez, Rubens y Frans Hals.

Lo curioso de la imagen que estamos viendo, es que es sólo una parte pequeña del cuadro original, que incluye a otros siete cirujanos (en este fragmento apenas aparece una parte del doctor Deijman, sin que aparezca su cabeza). Es que la pintura resulta dañada seriamente en un incendio de 1723 y tiene que ser recortada. Se sabe cómo ha sido el resto de la obra porque existe un boceto del artista.

En esta lección de anatomía encontramos además algo tan inquietante como admirable, y que tiene que ver con su protagonista, el sastre Joris Fonteijn, apodado Black Jack, un delincuente de renombre ejecutado en la horca: Rembrandt muestra su cadáver en una posición llamada “escorzo” (una perspectiva extraña ya que el cuerpo está colocado de manera perpendicular al espectador) que nos remite ineludiblemente al famosísimo Cristo de Mantegna (Lamentación sobre Cristo muerto, 1470/74, Andrea Mantegna). Y el condenado pasa entonces a tener un carácter mucho más conmovedor, más emocional, que el de aquella primera lección de anatomía, la famosa.

 

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